15 julio, 2009

La terminal

El día se había levantado espléndido. El sol lucía con intensidad y su brillo se reflejaba en las enormes paredes de cristal de la terminal del aeropuerto. Cargué mi mochila al hombro y me dirigí hacia el control de seguridad directamente. Me iba de vacaciones pocos días a casa de un amigo y en la mochilla llevaba todo lo que necesitaba: ropa, dinero, el cargador del teléfono móvil y los objetos para mi aseo personal.

El guardia de seguridad me pidió el billete de avión para comprobarlo y me invitó a dejar mis artículos personales en un cajón de plástico. Me devolvió el billete y deposité el cajón y la mochila sobre la cinta transportadora del escáner. Al mismo tiempo que la máquina exploraba mis pertenencias, yo pasaba bajo el arco detector de metales, el cual no emitió sonido alguno. Estaba limpio.

Recogí mis pertenencias con la celeridad que las monedas me permitieron. Nunca lleves demasiada calderilla cuando vayas de viaje- me recordé. Abandoné la zona de control y me dirigí a la zona comercial del interior de la terminal. Aún no estaba asignada la puerta de embarque, así que decidí tomarme la espera con calma. Fui a un bar y pregunté el precio de una cerveza a la guapa chica joven que atendía el local. La respuesta dada me sorprendió y me hizo replantear la decisión. Opté finalmente por una chocolatina que, al menos, endulzaría mi paladar. Paseé por las tiendas de la terminal degustando el chocolate relleno de caramelo observando curioso las tiendas y los artículos que se vendían. Hasta videojuegos.

Compré una revista en una tienda que parecía mitad quiosco y mitad tienda de artículos típicos. No había mucho donde elegir y me decanté por una revista de coches. Con eso podría entretenerme durante todo el viaje y el vuelo se me pasaría "volado". Pagué al cajero y salí de la tienda leyendo la revista distraído. Absorto por unas fotos interiores, anduve hacia unas mesas para sentarme frente a los paneles informativos, pero, de repente, choqué de frente con alguien que venía en otra dirección.

La revista se escapó de mis manos y cayó al suelo ruidosamente. El golpe no fue fuerte pero la sorpresa fue absoluta. Había chocado con una chica castaña que se echó hacia atrás y casi cae por un traspiés. Perdón, perdón- dije ruborizándome mientras la sujetaba para que no cayese. En ese momento nos miraba media terminal y yo me sentía completamente torpe. La chica levantó la cabeza e inmediatamente nos dimos cuenta de que no éramos unos desconocidos.

Entre estupefactos y alegres nos encontramos tras el breve impacto. La existencia de una confianza previa suavizó todo, aunque no evitó que C me recriminara mi distracción.

-Tan empanado como tú- le respondí.
-Eres un melón- recibí como réplica.

Nos saludamos amistosamente y recogí la revista del suelo. La enrollé y la guardé bajo mi brazo.

-¿Dónde vas?
-A mi casa- respondió- ¿Y tú?
-Yo me voy a aprovechar las vacaciones lejos, a casa de un amigo. Ahora mismo iba a sentarme allí mientras me asignan la puerta de embarque, porque se ven los paneles bien-contesté.

En ese momento miré hacia el panel y vi un evento añadido a mi vuelo. RETRASADO/DELAYED , aparecía claramente visible junto a mi número de vuelo. La hora de salida se había visto modificada y aparecía con una hora añadida.

-Mierda- pensé en voz alta.
-¿Ese es el tuyo?
-Sí.
-Bueno, así me haces compañía, que el mio sale un rato después.
-¿Cómo que has venido tan temprano?- pregunté extrañado.
-Porque tenía que facturar el equipaje, melón. Pero estaba la primera de la cola y he tardado poco- contestó.

Nos acercamos a una de las mesas vacías y nos sentamos enfrentados. La miraba mientras guardaba la revista en mi bolsa. Era una chica un poco más baja que yo, de cuerpo bonito y guapa de cara. Su melena era castaña y caía ligeramente ondulada sobre sus pequeños pechos. Recordé nuestro anterior encuentro, en un lugar tan acogedor como una cama y con una actitud mucho más cariñosa por parte de ambos. Aquella era una de esas chicas en las que puedes confiar tus secretos, una amiga con la que alguna vez que otra hay más que palabras y más que roces.

-¿Vas a rabear mucho?
-Se hará lo que se pueda. Si hay ocasión, habrá que aprovecharla-respondí sonriente.
-Eres un puerco.
-Ya sabes que sí- dije forzando una mirada insinuante.
Ella respondió con una sonrisa contenida mientras agitaba la cabeza de un lado a otro.

Estuvimos un rato hablando sobre aeropuertos. Hacía unos días me enteré de que saltó la alarma en un aeropuerto extranjero por un posible explosivo en unos baños y el objeto sospechoso resultó ser un vibrador sexual, lo que nos entretuvo un rato a base de comentarios no aptos para menores y de unas buenas risas. Teniendo esa conversación, precisamente con esta chica y en un aeropuerto, comenzaron a florecer algunos de esos pensamientos sucios que inevitablemente se transforman en movimientos involuntarios.

Era una situación propicia. C y yo ya nos conocíamos y conocíamos nuestros gustos y nuestros límites. Íbamos a volar en breve hacia destinos opuestos y no sabíamos cuándo nos volveríamos a ver. Estábamos en un lugar público, donde podrían pillarnos, llamarnos la atención. Nuestras pulsaciones serían mayores de lo habitual, no aptas para enfermos del corazón. El morbo y el rememorar otras ocasiones en que nos ofrecimos amor carnal no ayudaban a que mi excitación bajara.

-Voy un momento al baño- dijo de pronto.
Sus palabras me despertaron. ¿Estaría leyéndome la mente? Me puse un poco nervioso en ese momento.
-No te olvides el consolador, a ver si vamos a explotar todos- comenté.
Me encantaba ver cómo se dirigía hacia el baño. Contoneaba sus caderas y sus nalgas me llamaban en silencio mientras se alejaban. Es un lenguaje universal que a menudo las chicas usan sin saber; o sin querer. Hipnotizado por el movimiento comencé a ponerme más nervioso y más excitado debido al pensamiento anterior.

¿Tendríamos tiempo? ¿Querría ella? ¿Necesitaba ir al baño realmente o era una especie de prueba? Esas y otras preguntas chocaban en mi mente mientras la idea de asaltarla en el baño me atraía cada vez más. No tardaría en salir del baño y los vuelos empezarían a embarcar dentro de algunos minutos. Si quería hacer algo, o intentarlo, debería hacerlo en ese momento y sin dudar más.

Me levanté y me colgué la mochila de un asa mientras me dirigía hacia los aseos ligeramente tembloroso. Pasé por el arco que señalaba los servicios y me introduje cautelosamente en la parte reservada para las damas. C acababa de terminar de lavarse las manos y se quedó sorprendida de verme allí por razones evidentes.

-¿Qué haces aquí?-me preguntó mientras su ritmo cardíaco se aceleraba.
-Es que me he equivocado de baño.

Acto seguido, me acerqué a ella mirándola a los ojos; no demasiado rápido, para que no me temiera; ni demasiado lento, para que no pudiese escapar de mi abrazo. Sujetaba el asa colgada de mi mochila con una mano mientras que con mi otra mano rodeaba la cintura de C, muy pegada a mi. Respiré hondo y la miré a los ojos antes de lanzar un mordisco a su boca lleno de pasión. Ella abrazó mi espalda y correspondió mis caricias dentro de su boca con una lengua complaciente y cariñosa. Nos movimos rápidamente hacia uno de los baños para evitar que alguien pudiese vernos y cerramos la puerta con el pestillo.

Solté la mochila en el suelo y abracé su cuerpo completamente. Ya no existía el nerviosismo anterior, todo era excitación y pasión en nuestros movimientos. Abracé su trasero y lo apreté firme mientras devoraba su cuello con cuidado para no dejar marcas. Abrí mi pantalón y mi cremallera e invité con un gesto de mi mano a que entrase la suya bajo mi ropa interior. Dentro esperaba mi polla notablemente erecta a que su mano entrase y acariciase la caliente carne.

Bajé un poco mi pantalón para que pudiese masturbarme más cómodamente. A veces separaba sus labios de los mios y me miraba, buscando algo en mi mirada, evitando mis labios una primera vez, pero no una segunda. Acaricié sus pechos por debajo del sujetador. Eran pequeños, pero sus pezones estaban muy excitados y duros. Estaban muy sensibles en ese momento y sintió un gran placer cuando notó mis labios sobre uno de ellos, mojándolo y acariciándolo con la lengua salivada. No pares- le dije al oído mientras acariciaba su cabello. Una de sus manos apretaba mi trasero mientras la otra se afanaba en realizarme una paja, por lo cual ya estaba ligeramente manchada de mi.

Abrí el botón que separaba las solapas de su pantalón y seguí por la cremallera. La oscura tela de su ropa interior asomaba por la abertura del vaquero. Mi mano se deslizó por su piel metiéndose bajo la mencionada tela, segura de si misma y sin detenerse al pasar por el corto y cuidado vello púbico. Conseguí alcanzar la línea de la que brotaba una humedad considerable y puse mis esfuerzos en abrirla, buscando el pequeño bulto que formaba el clítoris excitado y duro con mi dedo corazón. Cerró los ojos cuando lo encontré y comencé a amasarlo de arriba hacia abajo; presionando con mi mano sobre los carnosos labios cubiertos de fluído; apretando un poco mas cuando dirigía mi mano hacia arriba y buscando el agujero cálido cuando la llevaba hacia abajo. Después centré mi movimiento de nuevo en el clítoris, usando un dedo o dos al mismo tiempo, moviendo las yemas de los dedos sobre el pequeño bulto de manera circular.

Sus ojos seguían cerrados. Mis labios mordían los suyos cuando noté su respiración entrecortada. Ataqué a su cuello, apreté mi mano en su nalga y aceleré la otra en su mojado coño. El orgasmo sobrevino silenciosa pero enérgicamente y separó mi mano antes de que le hiciese daño. Volvió a mirarme y volví a besarla abrazándola fuerte.

Comencé a moverla para girarla. ¿Qué haces?- me preguntó en voz baja. Pero noté cómo su cuerpo se dejaba y no creí necesaria la respuesta hablada. Volví a abrazarla, de espaldas esta vez, con mis manos rodeando su vientre y subiendo hacia sus pechos. Bajé su pantalón y recliné su cuerpo hasta dejar que se apoyase sobre la cisterna del retrete. Llevaba un tanga negro cuyas líneas dibujaba tu precioso culo, que apreté en mis manos y acaricié con la punta de mi rabo húmedo. Bajé el tanga hasta que alcanzó al pantalón y acaricié de nuevo la vulva. Estaba muy mojada, mucho más que antes. Sin dudar, metí mi carne venosa dentro de ella y se deslizó suavemente notando cómo aumentaba el ardor del cuerpo a medida que llegaba más hondo.
Clavé y apuñalé su carne con mi venoso miembro mientras abría y cerraba sus nalgas. Noté cómo su calor, el de C, me llegaba y me llenaba, me incitaba a darle más fuerte y a llenarla con toda mi carne. Estaba muy excitado y muy duro. Me agaché para besarla mientras penetraba su sexo. Después le dije al oído que era muy zorrita y que eso me encantaba. Mordí su espalda y embestí su culo con mi pelvis con más fuerza y mayor frecuencia cada vez.

Estábamos muy excitados follando en esa situación cuando, de repente, unos pasos hicieron eco en la sala de los servicios. Alguien había entrado y no pude evitar llenar de esperma todo su ya de por sí mojado interior. Vacié mis testículos dentro de ella ahogando un gemido de placer y paralizándome para no hacer ruido intentando que no nos descubrieran. Finalmente los pasos se alejaron entrando seguramente en el servicio de caballeros. Respiré tranquilo y saqué mi sexo del suyo, inundado seguramente.

Alcancé un par de clinex y le di uno a C para que se limpiase. Yo hice lo propio con el segundo. Acto seguido miré la hora y me asusté. ¡Casi era la hora de salida del avión! Avisé a C y rápidamente nos pusimos a arreglarnos. Casi chocan nuestras cabezas mientras nos subíamos los pantalones manchados. Abrí la puerta del baño y pateé la mochila hacia fuera. Salimos y nos arreglamos como bien pudimos, echándonos agua en la cara. Cogí la mochila y salimos rápido a ver los paneles informativos del aeropuerto. Nuestras puertas de embarque estaban en diferentes lugares, así que nos despedimos con un abrazo y un beso, aún apasionados por lo que acabábamos de hacer, y salimos corriendo hacia nuestros aviones. Por lo que a mi respecta, fui de los últimos en embarcar, pero llegué a tiempo. Según me enteré más tarde, ella también llegó a tiempo. Aunque me volví a ganar una reprimenda...

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3 comentarios:

Maya dijo...

cada vez te haces de rogar mas para actualizar...:( ..que decir que no te haya dicho me encantas cmo escribes me escribiras un relato a mi? iiijij ya sabes hechar a volar la imaginacion mmmm

La Sacerdotisa Sucia dijo...

Me encantó tu relato. De verdad me lo imaginé como si me estuviera pasando a mí :D

Besines!

Sr, Ogro dijo...

Hola un paj....... anida en tu mundo desde el inteior de una pera y te invito a mi telaraña de cristal.... saludos compañero. Suerte