29 diciembre, 2011

La stripper

Hoy te he preparado una sorpresa para cuando llegues a casa.




Estaba intrigado. Recibí ese mensaje en el móvil a media tarde. La llamé un par de veces, pero no me cogió el teléfono. ¿Quizás fue a propósito? También se lo pregunté por WhatsApp y SMS, pero de nuevo recibí el vacío como respuesta. Estaba desconcertado, intrigado y curioso. Quería llegar y ver qué había preparado. Los viernes por la tarde suelen ser poco provechosos en el trabajo porque todos tenemos la cabeza en el fin de semana, en salir a despejar la mente. Más difícil todavía me estaba resultando concentrarme ahora que tenía este mensaje sin más información.
 
No tardé en llegar a casa, aunque sí tardé en encontrar aparcamiento. Los peldaños de la escalera se hacían demasiado numerosos mientras cavilaba con diversas ideas y posibilidades. El maletín chocaba con la barandilla por mi distracción. Saludé a mi vecino brevemente y continué mi camino ascendente. En otros momentos podría estar más interesado en sus historias, pero le dejé con la palabra en la boca. 

-Hasta luego, que he quedado y me tengo que preparar

Al fin alcancé la puerta de nuestro piso. 3º C, aquí es. Introduje la llave en la cerradura y giré. Sólo media vuelta, A estaba en casa. La puerta se abrió suave. Todo parecía normal.

-Hola cariño, ya he vuelto- dije mientras soltaba el maletín y colgaba el abrigo en el perchero.
-Hola- respondió ella, lejana- ve y siéntate en el sofá, ahora voy.

Acepté la invitación y me senté en el sofá. Había movido los muebles de forma que un gran espacio se abría delante de mi. Me despojé de la chaqueta y aflojé la corbata, el grillete que mantenía mi enlace con el trabajo. Ahora podía ser yo mismo.

A apareció con una vestimenta extraña, diferente, sexy. Normalmente ella es rompedora, pero aquella ropa parecía estar hecha para ensalzar ciertas partes de la anatomía femenina en la que los hombres nos fijamos un poco más.

-Si no intentas nada, lo pasaremos muy bien. Si intentas tocar o hacer algo, o me dices algo antes de que termine, esta noche no jugamos, ¿qué me dices?

Me sorprendió la entrada. Primero la vestimenta de oficinista atractiva, después las palabras y por último la actitud chulesca. Normalmente no es así; por contra, suele ser más tímida. Esa actitud de zorra mandona me acababa de excitar y prometía una noche memorable. Llevaba toda la tarde deseando llegar para ver lo que me había preparado y aquí estaba, puesto en bandeja de plata a mi alcance. No podía negarme. No quería negarme.

-Vale, me portaré bien- dije esbozando una sonrisa en mi rostro.


A, satisfecha, se dio la vuelta y se aproximó al equipo de música. Observé el ambiente que había preparado mientras: Cortinas echadas, ventanas cerradas y las mesas no estorbaban. Pulsó el botón de reproducción. La música tardó unos segundos en comenzar. Segundos que ella empleó en apagar las luces del techo. Sólo quedó encendida una pequeña lámpara de luz cálida en la esquina opuesta a donde yo me situaba, por lo que vería su cuerpo en ligeras sombras anaranjadas, algo más rojizas de lo habitual. Me percaté de que había colocado un filtro para ello.

Se colocó dandome la espalda y comenzó a contonear sus caderas a ambos lados, suave y sexy, acompasada con la música. Giró su cabeza y pude ver su perfil. Se mordió el labio. Tenía recogido el cabello con un palo delgado. La chaqueta era corta. La falda lo era aún más. Los tacones no eran tan cortos, más bien al contrario.

Se abrió el cuello de la chaqueta y lo dejó a medio quitar, para que pudiera ver sus hombros moviendose, también al ritmo de la música. Esto acababa de empezar y yo ya estaba nervioso.

Se dio la vuelta. Terminó de quitarse la chaqueta y la tiró sobre la mesa vacía sin mirar. Sólo me miraba a mi. Me miraba fijamente. Me sonreía. Apretó sus pechos bajo la camisa y comenzó a quitarse los botones empezando por arriba. Humedecí mis labios y repasé su cuerpo varias veces con la vista.

3 botones y ya podía ver que no se había puesto el sujetador. Se quitó el 4º y había llegado a la línea de la falda. Volvió a bailar. Habré visto su cuerpo desnudo miles de veces. Habré disfrutado de su tacto incontables ocasiones y ahora mismo sólo deseaba que terminase lo que había comenzado.

Se movía delante de mi, caminaba con autoridad de un lado hacia otro. Se acercaba y me hacía gestos. Sonreía viendome sufrir. Yo estaba encendido. Un poco más cerca. Tócame- pensaba. Se alejó.




Desabrochó su falda con facilidad sin dejar de moverse. Se centraba en disfrutar de la música mientras yo, simplemente, miraba. Bajó la corta falda recorriendo sus piernas alargadas por los tacones. Lo hizo sin flexionar las piernas lo más mínimo. Intenté vislumbrar algo a través del hueco que los botones hacían en la blusa, infructuosamente.

La falda terminó en el suelo y ella se levantó de nuevo. Se quitó el 5º botón, el 6º y ya no había más. Continuó moviéndo su cadera al ritmo de la música mientras levantaba sus brazos disfrutando de las notas. Las dos solapas de la camisa se separaron y pude ver la alargada línea que su cuerpo formaba en el hueco que dejaban. No llevaba sujetador, ni tampoco llevaba braguitas, o tanga, o culotte. No llevaba ropa interior en absoluto. Bajó su mano derecha por el mencionado hueco entre telas mientras con la izquierda se cogía la nuca. 

La mano derecha viajó hasta la vulva y se entretuvo unos instantes para, posteriormente, dirigirse a la boca viciosa de A. No dudó en mirarme mientras introducía su dedo corazón entre sus labios y lo sacaba. Posteriormente lo llevó sobre su piel, por su cuello y su pecho, bajo la camisa todavía, donde pude apreciar sólamente que movía la mano. Volvió a sonreir y a morderse el labio. Su mano izquierda sacó la varilla que sujetaba el cabello y éste quedó libre, leonado.

Salió del círculo de tela que formaba la falda en el suelo y se agachó flexionando las piernas juntas, de lado, como una señorita formal. Recogió la prenda y la lanzó hacia la mesa también. Giró una de las piernas, abriendose completamente, quedando en cuclillas frente a mi, mostrando todo lo que la camisa no tapara, como una mujer pagada por ello. De nuevo juntó las piernas, esta vez ambas rodillas apuntaban a mi. Echó su cuerpo hacia atrás y apoyó sus manos. Levantó una de las piernas completamente, recta, larga, perfecta. Tacón, talón, gemelo, muslo, nalga, vulva apretada y brillosa. Se veía todo. Mantuvo el equilibrio unos instantes y volvió a recuperar la postura en cuclillas, para después levantarse otra vez.


Sus manos al fin separaron la camisa de su cuerpo. Igual que hizo con la chaqueta, primero descubrió sus hombros y bailó con ellos a su ritmo. Me di cuenta de que mi cadera también se movía ligeramente al ritmo de la música. No sabía qué hacer con mis manos desde hacía un par de canciones. Aparecieron sus tetas en mi vista. Preciosas, bamboleantes e hipnotizantes. Me dio la espalda y terminó de quitarse la prenda, descubriendo su espalda y su trasero, esos que ahora mismo deseaba coger, besar, morder, abrazar y apretar sobre mi torso y, completamente erecto golpetear a base de embestidas, violando  lo que había prometido.

Me calmé un poco y continué observando el maravilloso espectáculo. Come and try dice la canción, encima. Ven e intenta, es lo que A lleva diciéndome con sus gestos todo este rato. Abría los brazos y los cerraba. Movía su cabeza con fuerza para que su melena hiciera grandes arcos y su pelo no se enredara. Parecía loca, en trance. Pisaba con una de las piernas más fuerte que con la otra. Frotaba la camisa sobre su espalda hacia los lados haciendo eterna esta espera.

La camisa tuvo el mismo destino que el resto de prendas quitadas. Verla bailar completamente desnuda y desatada era excitante en extremo. Movía sus caderas hacia los lados, hacia delante y hacia atrás. Movía los hombros. Se agachaba, volvía a levantarse y yo no dejaba de mirar cada una de las curvas que la luz enrojecida ensombrecía.


Cogió una de las sillas de la habitación y se colocó de perfil. Se agachó, con las piernas en una vertical perfecta y la espalda horizontal. Sus pechos caían y sus brazos se apoyaban en el respaldo de la silla. Movía las piernas como si andara, sólo apoyando la punta del zapato. Apoyó esta vez las manos en el respaldo y levantó su cuerpo, arqueando la espalda hacia atrás hasta estar completamente extendida y vertical. Levantó los brazos y curvó un poco más su espalda. Su melena caía hacia atrás mientras seguía el movimiento de la música con la cadera.

Me dio la espalda nuevamente. Se agachó, nuevamente bien estirada, esta vez nada me tapaba la visión. Sus piernas rectas iban desde los talones hasta las nalgas. Entre ellas estaba la vulva que esta noche devoraría y follaría como un semental. Tras las piernas podía ver cómo A desabrochaba las cintas que cerraban los tacones que llevaba. Recuperó la postura erguida y se colocó de cara a mi. Me sonrió otra vez y, pícara, se colocó el dedo entre los labios mientras bajaba de esos tacones que parecían los pedestales de un monumento.

Se echó al suelo y como una gata empezó a moverse lentamente hacia el sofá. Llegó a mi pierna y restregó su cabeza por el pantalón subiendo sobre mi muslo. Subió poco a poco sobre el sofá, girando sobre sí misma, frotando su espalda sobre el asiento, dejando su rostro, sus brazos y sus tetas a mi alcance. Volvió a girarse y escaló un poco más, subiendo sus rodillas a mi lado. Mi corazón estaba a mil, pero estaba dispuesto a que fuera ella quien diese fin a la actuación a pesar de que yo la hubiese violado cien veces antes de llegar hasta ese punto.

Acercó su rostro al mio y la miré. Pero ella no buscaba mi rostro, buscaba mi oreja, mi cuello, y siguió ese camino hasta que noté sus labios sobre mi lóbulo. Colocó sus piernas a horcajadas sobre mi y no dudé ni un instante en  apretar con puro deseo su culo y comerme sus tetas. Sin lugar a dudas, el striptease había terminado.


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2 comentarios:

Pérfida Princesa dijo...

y nos vamos a conformar solo con el striptease?
Estoy que ardo, necesitaría por lo menos una pequeña metidita!

Me ha encantado, que lujo de detalles! :)
Besosss!

Señorita Demakrada dijo...

purfff... increible, me kedo a ver más historias como esta ;)